HEINRICH AUGUST MARSCHNER

 

EL VAMPIRO

 

Ópera romántica en dos actos (1828)

(Revisión de Hans Pfitzner)

 

Libreto de Wilhelm August Wohlbrück sobre el relato de John Polidori (1819)

 

Versión española de Ángel-Fernando Mayo Antoñanzas , Madrid, abril de 2000

 


Personajes

 

Sir Humphrey Davenaut bajo

Malwina, su hija soprano

Edgar Aubry, pariente de los Davenaut tenor

Lord Ruthven barítono

Sir Berkley bajo

Janthe, su hija soprano

George Tibbins, sirviente de los Davenaut tenor

John Perth papel hablado

Emmy, su hija y novia de Tibbins soprano

Robert Green tenor

James Gadshill tenor

Richard Scrop bajo

Toms Blunt bajo

Suse, la mujer de Blunt mezzosoprano

Un sirviente de Berkley barítono

El jefe de los vampiros papel hablado

 

Coro de Brujas y Espíritus. Coro de cazadores. Coro de invitados.Coro de campesinos.

 

Lugar de la acción: Escocia, siglo XVII


Obertura

 

Primer Acto

 

Primer Cuadro

 

Despoblado, en un lateral una cueva. En el foro, una elevación. Coro de brujas y espíritus con vestidos extravagantes. Clara luz de luna.

 

Nº 1. Introducción

 

Coro de Brujas y Espíritus

¡Vosotros, brujas y espíritus,

estrechad alegres las filas,

pronto nuestro maestro estará

aquí entre nosotros!

A causa de horribles actos criminales,

esta tierra, aquí, hízose maldita;

por eso es buscada por nosotros,

para que en ella deliberemos.

Lucífugos, a medianoche,

cuando velan sólo el miedo y la maldad,

nos deslizamos, a la luz de la luna,

dentro del oscuro abismo.

Serpientes, culebras oigo silbar,

en medio llamea alegre el fuego fatuo;

¡salamandras, sapos, gatos negros,

duendes, brujas, ratas del diablo,

venid y estrechad las animosas filas!

¡Lechuzas y buhos, debéis gritar:

uh, uh, uh! ¡Uh, uh, uh!

 

(entra el jefe de los vampiros, llevando de la mano a Lord Ruthven. La luna se oscurece)

 

¡Allí llega el maestro

al pálido brillo de fuego!

 

El jefe de los vampiros

 

Melodrama

 

Éste aquí, que ya ha caído

a nuestro servicio,

desea todavía un corto plazo

para palpitar entre los hombres libres.

Su petición sea concedida,

si hasta la media noche próxima

nos ha traído tres víctimas:

¡por tres novias, tiernas y puras,

debe serle concedido un año al vampiro!

 

Ruthven

¡Por la fuerza primigenia de todo el Mal,

os juro cumplir mi palabra!

¡Mas huya esta asamblea,

pues una de las víctimas llegará pronto!

 

 

(el jefe de los vampiros desaparece, la luna brilla de nuevo)

 

Coro de Espíritus

¡Quedo, quedo, a la luz de la luna,

chitón, a la tierra, chitón!

Mil grietas, mil hendiduras

nos sirven de aposento.

Alojémosnos abajo, incubando,

hasta que resuene la media noche.

¡Quedo, quedo, a la luz de la luna,

a la tierra, chitón, adentro!

 

(suena la una. Los espíritus se desvanecen. Ruthven solo)

 

Nº 2. Recitativo y aria

 

Rutven

¡Ah! ¡Aún un día entero!

¡Demasiado largo es este tiempo!

Dos víctimas me están ya consagradas,

y la tercera… la tercera se hallará fácilmente.

¡Ah, qué placer, de dos bellos ojos,

en el pecho floreciente, de nueva vida

en delicioso estremecerse,

sorber dentro con un beso!

¡Ah, qué placer, en amoroso acariciar,

con ánimo concupiscente,

la más dulce sangre,

como zumo de las rosas

de dos labios purpúreos,

beber gulusmero!…

¡Y cuando se apaga la ardiente sed,

y cuando la sangre le mana al corazón,

y cuando ellas gimen llenas de espanto,

ja, ja, qué deleite!…

Con nuevo valor

me inspira su sangre;

¡su estremecimiento mortal es fresca vida!

¡Pobre amada, pálida como la nieve,

te hará bien el dolor en el corazón!

¡Ay, antaño sentí yo mismo los dolores

de la angustia de ella en el cálido corazón,

que el Cielo hizo sensible!

¡No me advirtáis en estos tonos,

que escarnecen con descaro al cielo.

¡Yo entiendo vuestra llamada!

¡Ah, qué placer, de dos bellos ojos,

en el pecho floreciente,

nueva vida,

en delicioso estremecerse,

sorber dentro con un beso!

¡Ah, qué placer,

en amoroso acariciar,

con ánimo concupiscente,

la más dulce sangre,

como zumo de las rosas

de dos labios purpúreos,

beber gulusmero!

¡Y cuando se apaga la ardiente sed,

y cuando la sangre le mana al corazón,

y cuando ellas gimen llenas de espanto,

qué deleite, qué deleite, qué placer!

 

Diálogo(*)

 

(Janthe entra por la derecha y corre a los brazos de Ruthven)

 

Ruthven

¡Te veo al fin, mi dulce Janthe!

 

Janthe

(cae en los brazos de él)

Pude abandonar la casa sólo después de medianoche.

 

Ruthven

¡Oh, así, ya apremiaba!

Mañana hubieras estado eternamente perdida para mí.

¡Tú, la novia de otro!

 

Janthe

¡Ay, pude dejar en secreto a mi padre!

¡Con lágrimas buscará él a su niña…

y no la encontrará!

 

(se vuelve, llorando)

 

Nº 3. Dueto (**)

 

Janthe

Única alegría de mis queridos padres,

les pago con acerbos sufrimientos

el dulce deber de honrarlos.

¡Ay, tengo que contristarles,

pues me fuerza a amarte

lo que la razón dice en contra!

 

Ruthven

Siente en el palpitar de mi corazón,

más de lo que soy capaz de decir,

que soy eternamente tuyo;

jamás te haré sufrir,

eternamente, amarte eternamente

te juro con pensamiento fiel.

 

 

Janthe

¡Así eres, caro, mío para siempre

y eternamente, caro, soy yo tuya!

¡Ay, el amor, sólo hace dichoso el amor,

mi vida te consagro a ti solo!

 

Ruthven

¡Sí, cara, tuyo soy para siempre,

y eternamente, cara, eres tú mía!

¡Ay, el amor, sólo hace dichoso el amor,

mi vida te consagro a ti sola!

 

Janthe

Cuando te acercaste a mí la primera vez,

retrocedí estremecida de horror.

 

Ruthven

Sé bien, amada, que lo hiciste,

pero ahora me sonríe tu mirada.

 

Janthe

Mas como con lazos mágicos

me arrastró después algo hacia ti…

 

Ruthven

Nuestros corazones, que se encontraron,

son la magia, créeme…

 

Janthe

Sí, sigo el impulso interior,

sigo a mi corazón.

¡Eternamente, eternamente es él mío!

El amor ríe en sus ojos;

¡oh, cuán dichosa seré!

 

Ruthven

¡Ah, hay temor en su corazón,

pobre muchacha, me das pena!

¡Mas, victoria! ¡Ahora es ella mía,

y beber su dulce sangre,

qué gozo será!

 

(Ruthven y Janthe escapan hacia la cueva al oír la primera llamada de trompa.- Vienen cazadores, criados y campesinos)

 

Nº 4. Coro y solistas

 

Coro

¿Dónde puede estar ella?…

¿Dónde puede estar ella?

Con la luz de las antorchas

registrad el bosque,

despertad al eco,

para que mil veces,

con el sonido de los cuernos,

dondequiera resuene la llamada:

¡Janthe! ¡Janthe! ¡Janthe!

 

(viene sir Berkley)

 

Berkley

¡Ay, niña mía! ¿Por qué despoblado vagará?

De noche, tarde, la echo a faltar en casa.

Seguramente la han raptado bandidos.

A quien descubra su rastro, os lo juro,

le dará la cálida gratitud de un padre

y una gran recompensa.

 

(mirando alrededor)

 

Mas, ay, ¿en qué lugar penetramos?

Aquí moran malos espíritus desde hace siglos,

el pueblo lo llama la Cueva del Vampiro.

 

Coro

¡Ay! ¡La Cueva del Vampiro!

¡Rápido, afuera, con paso leve!

¡Pobre padre! ¡Pobre padre!

¡Sólo afuera, rápido, con paso leve!

 

Voz de Janthe

(fuera de la escena)

¡Ay de mí! ¡Ay de mí!

 

Ruthven

¡Ah! ¡Ah!

 

Coro

¡Qué grito! ¡Viene de allí!

 

Janthe

(como antes)

¡Ay!

 

Berkley

¡Esa era la voz de mi niña,

salvadme su querida vida!

 

(los cazadores y los criados corren a la caverna con las antorchas)

 

Berkley

¡Ay de mí! ¡Mis fuerzas desaparecen!

Temor y alegría me hacen estremecerme;

¿cómo volveré a encontrarla?

 

(se recupera y quiere ir a la cueva; allí vienen a su encuentro algunos criados y Ruthven)

 

Atrevido ladrón de mi niña,

toma aquí el pago de tus actos.

 

(clava su espada en el pecho de Ruthven, que cae al suelo)

 

Ruthven

¡Ah!

 

Coro

(en la cueva)

¡Está muerta!

 

Berkley

¿Cómo? ¿Mi niña, asesinada?

¡Mi niña, asesinada!

 

(quiere ir a la cueva; los cazadores y los criados corren a su encuentro)

 

Un criado

¡Pobre padre! ¡Ay! ¡Horror!

El pecho y la nuca de tu hija

están llenos de sangre.

¡Señales de dientes venenosos

revelan lo espantoso!

¡Convirtióse en la víctima del vampiro!

 

Todos

¡Un vampiro! ¡Un vampiro! ¡Ay! ¡Un vampiro!

 

(todos se precipitan fuera. Ruthven permanece solo)

 

Ruthven

(incorporándose fatigosamente)

¡Ay de mí! ¡Mis fuerzas ceden!

Ocioso se extinguirá el tiempo,

si no puedo alcanzar la altura,

para allí, moribundo, absorber

con los ojos rayos de luna,

que me den nuevas fuerzas para la vida.

¡Terrible! ¡Juez Supremo!

¡Todo, todo yermo y vacío,

silencio horrible alrededor!

¡Sólo he de oír

la risa burlona del infierno!

 

(aparece Aubry, vagando extraviado)

 

Aubry

(hablado)

¿No hay, pues, manera de encontrar una salida?

Aquí hay un sitio libre,

¿pero hacia qué lado me volveré ahora?

Calla, allí… allí se mueve algo.

 

(la música concluye)

 

Diálogo (*)

¡Dichoso yo! ¡Oigo una voz humana!

Quien quiera que seas…

 

Aubry

¡Ah, un herido yace en el suelo!

 

Ruthven

Quien quiera que seas, ten compasión…

 

Aubry

¿Qué voz? ¡Qué veo! ¡Si no me engaña

el pálido brillo de la luna,

tú eres, pues, Ruthven!

 

Ruthven

Aubry, ¿eres tú? Mi ángel te envía;

fui abatido aquí por bandidos.

 

Aubry

¡Dios! Caro amigo, ¿qué puedo hacer por ti?

¿Es mortal tu herida? ¿Puedo salvarte?

 

Ruthven

No, la ayuda humana llega demasiado tarde…

y sin embargo -Aubry, si alguna vez

fui tu amigo… préstame

un servicio importante.

 

Aubry

¡Oh, habla! ¿Qué puedo hacer por ti?

Fuiste antaño el salvador de mi vida…

¡Oh, que yo pudiera corresponderte,

que yo pudiera sacrificar mi vida por la tuya!

 

Ruthven

Por mi vida no hay nada más que hacer;

pero… Aubry… te ruego…

 

Aubry

¡No titubees en expresarlo!

¿Qué es? ¿Debo vengar tu muerte?

¿Has reconocido a aquellos bandidos?

 

Ruthven

¡No, no es esto lo que deseo de ti! ¡Oh!

 

Aubry

Así, habla pues. ¿Qué es? ¿Qué puedo hacer por ti?

Qué extraña inquietud en todo tu ser…

¿Vive alguien por quien estás preocupado?

¿Oprime tu conciencia alguna culpa grave?

Habla, ¿qué es?

 

Ruthven

Nada de todo eso… Sólo te ruego…

Aubry… llévame arriba a aquellas peñas

 

(le indica el lugar pedregoso sobre la cueva)

 

y coloca mi cara así… de manera que los rayos

de la luna me penetren en los ojos.

 

Aubry

Extraño… ¿y qué será? ¡Ah, qué sospecha!

Se dice que aquellas terribles criaturas…

 

Ruthven

¡Calla! ¡Cumple mi ruego!

 

Aubry

¿Fuera así verdad lo que se me dijo en Londres?

¡Terrible! Tú serías un vam…

 

Ruthven

¡Deténte! ¡Desdichado, no acabes!

En aquella hora, cuando salvé tu vida,

prometiste hacer por mí

lo que yo exigiera de ti.

Bien, satisfaz ahora lo que te pedí,

y júrame antes callar todo lo que tú sabes de mí

o lo que quieras saber o tan sólo sospechar.

 

(Aubry titubea)

 

Ruthven

(aparte)

Sólo veinticuatro horas.

 

Aubry

¡Ruthven!

 

Ruthven

¡Jura! ¡Jura por todo lo que te es sagrado,

por la salvación de tu alma!

 

Aubry

Fuiste el salvador de mi vida…

¡De acuerdo, juro!

 

Ruthven

¡Y maldito seas en el abismo del Infierno,

todo el castigo del perjurio

pese diez veces sobre tu alma,

si rompes el juramento!

¡Maldito seas tú y quien te esté allegado!

¡Maldito sea lo que amas y lo que te ama a ti!

¡Júralo!

 

Aubry

¡Juro! ¡Horror!

 

Nº 5. Melodrama

(sostenuto, quasi andante con moto)

 

Ruthven

¡Ah!… Así… ahora aguardaré tranquilo

mi destino… Guíame arriba…

 

(se levanta fatigosamente con la ayuda de Aubry, quien guía lentamente a Ruthven hasta el lugar pedregoso sobre la cueva, le ayuda a tenderse, y en verdad de manera que los rayos de la luna caigan sobre el rostro de Ruthven; después, escapa horrorizado hacia la izquierda.- Los rasgos de Ruthven empiezan a moverse; al fin se levanta, reanimado por el influjo de los rayos lunares)

 

Segundo cuadro

 

Nº 6.Escena y Aria

 

Una sala en el castillo del Señor de Davenaut. A la izquierda, la entrada de la capilla. A la derecha, la entrada del salón de las fiestas. En el centro, al fondo, la gran entrada al jardín. Malwina sola.

 

Malwina

Claro ríe el dorado sol de primavera

sobre la campiña reanimada, ornada de colores.

¡Ay, todo lo que veo es sólo el reflejo

de la felicidad inimaginada de mi corazón!

 

(llena de sentimiento alegre, pero sin pasión)

 

¡La campiña con ropaje de fiesta,

el árbol con vestido de flores fragante,

el coro de los pájaros, que suena a mi alrededor

y jubiloso apremia hacia el cielo,

ay, todo exulta y comparte mi dicha!

¡Hoy se agita en mí arriba y abajo,

"hoy" vuelve a sonar desde fuera!

¡Sí, hoy regresa a ti el amado!

¡Oh, elévate también tú, mi amante corazón,

ardiendo de alegría hacia el cielo,

y con el impulso del placer y la alegría

canta alabanza y gratitud a tu Creador!

¡Silencio! ¿Quién se acerca allí al portón?

¡Él mira hacia aquí arriba, es su mirada!

¡Es él, Edgar! ¡Es él!…

¡Ay, perdóname la culpa,

si del pecho ebrio de alegría

no encuentro palabras de gratitud

en el exceso de gozo!

 

(corre abajo al ancuentro de Aubry; los dos regresan con alegre prisa)

Nº 7. Dueto (*)

 

Ambos

¡Eres tú, eres tú, no es un sueño,

ay, esta dicha, apenas la abarco!

¿Eres realmente tú? ¿Te veo de nuevo?

La alegría del cielo cae sobre mí.

 

Diálogo

 

Malwina

¿Y estás ya aquí tan de mañana?

 

Aubry

Para ser hoy el primero

en ofrecerte deseos de felicidad

en tu fiesta de cumpleaños.

 

Malwina

¡Oh, Edgar, soy tan feliz! Mi padre

me habla de ti desde hace algún tiempo

con tanta consideración. Desde que felizmente

concluíste para él tan importante negocio

en Londres por encima de todo lo esperado,

no ve él ya en ti al hombre insignificante

por el que siempre te tuvo.

Hace algunos días dijo aún:

"Lástima que no tuviera yo

tal hijo, él mantendría el brillo

de la vieja casa Davenaut".

 

Aubry

Ay, Malwina, veo en esto sólo

la preocupación por el brillo de su vieja casa;

sólo al estar yo emparentado

lejanamente con ésta

ma da a sus ojos algún valor.

Créeme, jamás me dará él

la mano de su única hija.

 

Malwina

No, ahora no le temo ya;

créelo, él sospecha nuestro amor y lo aprueba.

Significativamente clava a menudo su mirada en mí,

y parece aguardar mi confesión.

Cuando le enviaste la noticia de que las grandes

posesiones del marquesado permanecerían

ahora indiscutiblemente propiedad suya,

besó este de ordinario tan severo padre

mi frente, y, emocionado y lleno de amor,

me dijo: "¡Verte feliz, hija mía,

sea ahora mi única preocupación!"

 

Aubry

¡Ay, sólo posición y riqueza son su felicidad,

y yo mismo he aumentado los obstáculos,

que ahora me separarán eternamente de ti!

 

Malwina

Oh, no conturbes con tus dudas

mi alegre esperanza. Aún hoy,

en el día de mi cumpleaños, si mi padre

me promete la concesión de todo ruego,

le descubriré el secreto de nuestro amor…

¡Silencio, él viene!

 

(sir Humphrey, Señor de Davenaut, viene por la puerta de la sala, detrás, a la derecha)

 

Malwina

(corre al encuentro de Davenaut)

¡Padre! ¡Padre! ¡Edgar ha vuelto!

 

Davenaut

¡Sir Aubry, sedme cordialmente bienvenido!

 

(tiende a Aubry la mano)

 

Habéis prestado un importante

servicio a la casa Davenaut.

¡Mas lo que hicisteis, revertirá en vos mismo!

Pues también sois un vástago

de esta ilustre casa, y cuanto mayor sea

el brillo y la riqueza del Señor,

tanta más fama y honra para todos

los miembros de la estirpe.

Recibid mi gratitud, y vuestra felicidad sea en el futuro

la preocupación de vuestro padre.

 

Aubry

¡Sir, esta bondad!…

 

Malwina

¡Oh, padre mío!

 

Davenaut

¡Hija mía! Bien me he quejado

a menudo de que no me naciera un hijo,

de que el nombre de Davenaut,

desde hace siglos uno de los más nobles

en Escocia, debe desaparecer conmigo.

¡Ven a mi corazón, amada hija!

El día que te dio a mí, hace

hoy dieciocho años, también me dará

hoy a través tuyo un hijo

digno de mi casa, digno de tu amor.

 

Malwina

¡Oh, padre mío!

 

Davenaut

He advertido hace tiempo lo que

callaba para mí tu boca. He adivinado

tu deseo, y me anticipo a tu ruego:

te saludo como novia.

 

Malwina

¡Oh, padre, esta bondad!

 

Davenaut

¿Estáis tan apartado, sir Aubry?

¿No tomáis parte en nuestra alegría?

 

Aubry

(corre alegre hacia Davenaut)

¿Sería posible? ¿Pudiera yo esperar?

 

Davenaut

¿Creéis que quiero permanecer vuestro deudor?

Prometí preocuparme de vuestra dicha.

El nombre de mi yerno seaos fiador de que él tratará

siempre conforme a mi espíritu:

¡él es el Conde de Marsden!

 

Nº 8. Terceto

 

Malwina

¡Cómo, padre mío!

 

Aubry

¡Ay, perdida!

 

Davenaut

Si, es el Conde de Marsden

el que he elegido como hijo.

 

Malwina y Aubry

¿Cómo, quién es? ¿El Conde de Marsden?

 

Davenaut

Sí, es el Conde de Marsden.

 

Malwina

¡Oh, padre mío!

 

Davenaut

(aparte)

La elección parece alegrarla.

 

Malwina y Aubry

(aparte)

Ay, mi felicidad era sólo un sueño,

¿tenía que abandonarme tan deprisa?

¡Ay, para contener del todo esta desgracia,

mi corazón no tiene espacio!

 

Davenaut

(para sí)

¡Ah, la elección parece alegrarla!

¡Sí, él es por posición y nobleza,

así como por las costumbres sin tacha,

digno de ser un Davenaut!

 

Malwina

Mírame aquí a tus pies;

padre, ¿puedes perdonarme?

¡Padre, ay, jamás podré ser

la esposa del Conde de Marsden!

 

Davenaut

Cómo, ¿qué oigo? ¡Ah, es posible!

 

Malwina

Este corazón…

 

Davenaut

¿Cómo?

 

Malwina

…ha elegido ya.

 

Davenaut

¡Ah! ¡Es posible!

 

Malwina

Ay, siento que he faltado,

que hasta ahora he disimulado.

 

Davenaut

¿Quién es el osado? ¡Habla!

 

Aubry

¡El osado, sir, soy yo!

 

Davenaut

¡Ah, apenas me contengo de cólera!

¡Cómo, osado! ¿Podéis atreveros

a decirme esto a la cara?

 

Aubry

Ay, desde los días de mi infancia

este corazón ha latido por ella;

¡hacer feliz a vuestra hija

debe ser mi único afán!

 

Davenaut

¡Fuera, rogáis en vano, fuera!

 

 

Malwina

(implorante)

Ay, desde los días de mi infancia

ha latido por él este corazón;

¡ten compasión, tu hija

sólo puede ser feliz con él!

 

Davenaut

Fuera, imploráis en vano, fuera,

pues yo di al Conde mi palabra.

¡Y jamás fue aún roto

lo prometido por un Davenaut!

 

(entra George y se acerca a Davenaut)

 

George

(anunciando)

Dignísimo Señor, el conde de Marsden

acaba de pasar a caballo por el portón,

y la animosa juventud del lugar

se acerca, unida en coro jovial,

para saludar a vuestra hija

hoy en su fiesta natal.

 

Davenaut

Conduce, pues, a los joviales invitados

junto a mi hija, a la sala.

 

(sale)

 

Nº 9. Finale

 

Coro de campesinos e invitados

¡Flores y capullos en el céfiro acariciante,

adorablemente abiertos hacia el lisonjero Oeste,

flor de las Tierras Altas, tú, rosa Davenaut,

te entretejemos para la fiesta de hoy!

¡Quiera el futuro derramar sobre ti,

por la senda de la vida, la suerte más risueña,

igual a las rosas, como hoy te consagramos flores

y capullos, tú, flor de las Tierras Altas, rosa Davenaut!

 

George

Ved, allí viene el yerno

de la mano del viejo Señor;